Diario de un editor. Día 1

Diario de un editor:

Al levantarme por la mañana me he hecho un café. Bueno, antes me he sentado en el escritorio, aún con el pijama, a revisar los emails, ha sido luego cuando he bajado a hacerme el café. Americano.

He hablado con mi compañero por teléfono y hemos puesto en común nuestras agendas. Cada uno trabaja en su “despacho”. Hemos concretado finalizar las correcciones de la maqueta de nuestro segundo libro (“Lo imaginado” de Juncal Baeza), para así mandarlo imprimir lo antes posible.

En eso he ocupado casi toda mi mañana. He releído y releído los detalles de los párrafos subrayados en verde, y las he cambiado otras tantas. Creo que ya casi está.

También me he tomado otro café, esta vez acompañado de un bol de fruta. Y yogur. Y avena. Y frutos secos…muchísimos.

Luego he decidido que haría esto: escribir, de manera desenfadada y cercana, lo que es mi vida de editor en una editorial independiente. He mirado Instagram para darme cuenta de que hace mucho que no subo una fotografía ni les he contado a nuestros seguidores que hace poco conocimos (al fin) en persona a nuestros escritores. Fue algo mágico.

Por la tarde he salido a visitar librerías. En Sevilla. Que es desde donde hemos empezados a movernos hacia el resto de España, y donde residimos. Han sido tres, pero me centro en dos:

La primera se llama “La isla de papel”, es un espacio que llama la atención incluso antes de entrar, puesto que en sus enormes cristaleras dejan entrever la maravilla que esconden dentro. Además, tienen la cara de un mono dibujada con un sombrero de pirata. ¡UN SOMBRERO DE PIRATA! Allí dos de sus encargados me han tratado muy bien. Les he enseñado las muestras y hablado un poco de nosotros. Al parecer, les ha parecido algo de admirar nuestro esfuerzo y agradecen el emprendimiento en cultura.

La segunda ha sido “Caótica”, un lugar que definiría “para el encuentro de la cultura”, ya que en su planta baja tienen una cafetería. En la parte de librería me ha atendido una de sus encargadas, quien, además de haber sido muy agradable y abierta al diálogo, ha mostrado entusiasmo por nuestra propuesta. Invitándonos incluso a, en un futuro cercano, tener la posibilidad de hacer una presentación allí.

He agradecido el gesto, como siempre, del momento que se dedica al encuentro, conversación y atención a lo que viene ofrecer alguien nuevo. Pues tras atravesar calles, buscar direcciones, caminar con marcapáginas y libros, tarjetas de visita y el sol infernal, ese momento de escucha y respuesta, lo vale todo.

 

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