CLUBS DE LECTURAS (COLUMNA DE OPINIÓN)

El otro día leía en una página de Walden -Henry David Thoreau-, editado por Errata Naturae con traducción de Marcos Nava García, y encontré una cosa que me hizo coger un Post-it y apuntar lo siguiente: “pgn 137 Walden: se desarrolla la creencia de que no se lee por no poder conversar después sobre el texto. IDEA PARA COLUMNA: el concepto de la vuelta a los clubs de lectura por el pacer de la discusión. Los puntos comunes con lo que ahora ocurre con las series”.

Lo divertido ha sido volver a la página 137 y no encontrar nada referente a lo que tenía apuntado. He ido a la 117, 127, 138, 173 y tampoco. Así que he desistido en mi búsqueda y dejarlo en una simple inspiración que no puedo referenciar correctamente.

Me he sentido de lo más convencido, al estar buscando en un libro escrito a mediados del siglo XIX, de que uno de los problemas de la difusión cultural a nivel de literatura reside en la incapacidad de comunicar una pasión, un contenido o una enseñanza sin la seguridad de que el receptor está en un interés común al tuyo. Es un estatus extraño al que se suben los leídos, o quizá es una especie de onanismo intelectual a partir del cual se genera el sesgo de que el que no lee no va a entender lo que se ha aprendido o arrancado de una novela, ensayo o relato. En cambio, de cualquier otra cosa: una noticia, un concepto de economía, o incluso uno de automovilística -muy enrarecido para un amplio público-, se normaliza en nuestras conversaciones sin el mínimo miedo a que no sea comprendido o compartido el conocimiento común.

Un movimiento intermedio, quizá por su facilidad de acceso y por su amplitud en cuanto a temática que ha llegado a todas las casas y edades, son las series. Son el nuevo movimiento cultural, y no hay ostracismo hacia el que no ha visto o seguido ninguna, sino que se le invita e incluso obliga a verse uno o dos capítulos de la consabida “mejor serie de la historia” al llegar a casa. Eso no ocurre con la literatura. ¿Es quizá un esfuerzo mayor leerse un capítulo de una novela que verse cinco de una serie? ¿Hay que prestar más atención? ¿O es quizá que no se crean discursos atractivos alrededor de la literatura, que en las reuniones de amigos y familiares no se generan tertulias sobre el tema, que no hay una proclama tan clara que conecte al oyente con el libro?

Se me venían a la cabeza los clubs de lectura. La idea de un círculo de lectores alrededor de una obra y las charlas al respecto. Estas no significarían el que personas a las que les apasiona leer se acerquen las unas a las otras para redecir lo que ya se sabe, sino que se genere un nicho hacia el que acudir si te asaltan las ganas de probar una nueva oferta cultural. Un lugar que se vea atractivo por el hecho de saber que estando allí se pertenece a un grupo cercano más que a un enrarecido homo intellectualis.

La literatura como atractivo social. Como excusa para acercarse y hablar. No como forma de excluirse, de aislarse, de diferenciarse. La puesta en común de la cultura y el saber. Una manera más de saber que estamos conectados.

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