Reseña La noche divide el día por Juncal Baeza

La noche divide el día. Mario Blázquez.

Todos los relatos breves, considerados como género narrativo, tienen una serie de cosas en común: son narraciones cortas, cuentan con numerosas elipsis, revelan únicamente los detalles esenciales, son versátiles y, a la vez, han de ser necesaria y completamente coherentes. Sin embargo, y a pesar de todos estos elementos comunes, cada relato breve adopta una naturaleza u otra en manos de quién lo escribe. Ningún relato es igual que otro, aunque comparta estilo o tono, y numerosos autores se han hecho perfectamente reconocibles cuando se han dedicado a este género: Joy Williams, Mariana Enríquez o Patricio Pron, además de clásicos como García Márquez o Julio Cortázar.

La lectura de “La noche divide el día” me ha hecho confirmar que la voz de Mario Blázquez es una voz propia, personal, reconocible y característica. Y todo esto porque, como queda patente en su libro, es capaz de crear un universo completo y rico en el que la lectura logra sumergirnos sin dificultad. Las siete historias que componen “La noche divide el día” tienen lugar en un espacio único, aunque matizado: la noche, tan protagonista en el libro que necesitaba aparecer también en el título.

La presentación de lo que vamos a encontrar cuando abrimos “La noche divide el día” nos llega enseguida, a través de la cita de Luis Buñuel con la que Mario nos introduce en su trabajo: “La memoria es invadida constantemente por la imaginación y el ensueño y, puesto que existe la tentación de creer en la realidad de lo imaginario, acabamos por hacer una verdad de nuestra mentira”.  Es en ese filo donde se desarrollan todas sus historias, en un punto en el que, sin darnos cuenta, las cosas pueden torcerse hacia un lado o hacia otro, las personas pueden ser como parecían o revelarse como otras nuevas: en definitiva, en un borde de incomodidad al que resulta imposible dar sentido o resistirse.

Si nos fijamos en las relaciones que se establecen entre los personajes de los relatos de “La noche divide el día”, encontramos una pauta común, aunque expresada de diversas formas: son personajes que se encuentran, que comparten su vida, que mantienen una cercanía amistosa, pero que, sin embargo y al mismo tiempo, están permanentemente lejos, viven desacompasadas, se desconocen. Esto se hace muy evidente en relatos como Sesión Golfa, donde las personalidades descritas no llegan a evidenciarse del todo y los personajes se descubren entre sí poco a poco, sin llegar nunca hasta el final. O en Caminos de distorsión, donde una pareja rompe su relación de manera física desandando caminos en una ciudad, antes de romperla definitivamente. Los amigos que susurran en el salón de su casa en I Ching y todo lo demás, creen conocerse a sí mismos incluso, certeza que al final resulta tan inexacta como las cosas que se dan por hecho Diferencia entre suspense y sorpresa o Porno.

El estilo cinematográfico de Mario a la hora de ponerse a escribir es indudable. Leerle es como cerrar los ojos y dejar que alguien te describa al oído cada escena de una película que acabas de empezar a ver. Lees, pero también ves, por tanto. Crees saber pero, al final, es muy posible que te confundas. Intuyes pero, quizá, las cosas no terminen siendo como parecían. La lectura de La noche divide el día es, en la ciudad, en los bares o de camino a ellos, de madrugada, y a oscuras, un juego de espejos.

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